Run Boy Run
Ángel Sevillano
10.09.2026 . 29.10.2026
A veces necesitamos cambiar de dirección para encontrar nuestro camino, y ese cambio puede comenzar antes de que sepamos exactamente hacia dónde nos lleva.
Las obras reunidas en Run Boy Run nacen de un momento de búsqueda en la práctica de Ángel Sevillano. A comienzos de 2026, después de un periodo dedicado principalmente a los bodegones, Ángel empieza a sentir la necesidad de cambiar de dirección. No se trata de romper con lo anterior, sino de continuar algunas de las cuestiones que han acompañado su trabajo: la recontextualización del sujeto, la relación entre pintura y espacio y la posibilidad de construir nuevos significados a partir de imágenes encontradas.
El primer movimiento lleva la mirada hacia fuera. Un viaje por Italia —los trayectos en tren y autobús, los colores del invierno y el horizonte plano interrumpido por los Alpes— da lugar a una serie de pinturas de mayor formato. En ellas aparecen el paisaje, el viaje y escenas amorosas. Sin embargo, la búsqueda continúa por otro camino: algunos cuadros son descartados y Ángel reduce la escala para comenzar a trabajar sobre pequeñas tablillas.
Durante la búsqueda también cambia la dirección de su mirada, a una mirada más al interior. El paisaje deja paso al interior y la atención se desplaza hacia aquello que ocurre dentro de una estancia. Las esculturas empiezan a ocupar un lugar central. Encontradas en internet y extraídas de su contexto original, se convierten en sujetos de la pintura. Este gesto de selección y recontextualización forma parte de una práctica que Ángel ha desarrollado durante años a partir de la circulación constante de imágenes. Si anteriormente las flores permitían transformar una imagen y convertirla en otra cosa, ahora la escultura ofrece una presencia más concreta y una relación más directa con el espacio.
Las pinturas se construyen así alrededor de las relaciones entre las figuras y del espacio que existe entre ellas. Las esculturas toman lugar en escenas en las que el espacio deja de ser un mero fondo. Una pared, una línea de suelo, una sombra o la distancia entre dos cuerpos participan de la composición.
En estas obras permanece también la relación con la escultura y la instalación. El plástico transparente permite que las pinturas dialoguen directamente con la pared y con el espacio expositivo. La distancia entre el soporte y el muro y las sombras que se proyectan sobre él introducen una dimensión física que amplía el cuadro más allá de su superficie.
Las imágenes de partida continúan procediendo, en gran medida, de ese archivo visual inagotable que Ángel encuentra en internet. Observar, seleccionar, desplazar y volver a situar una imagen son acciones que atraviesan su práctica. En esta nueva serie, ese gesto se extiende desde los objetos hacia las figuras y sus relaciones: ya no importa únicamente qué representa una imagen, sino qué sucede cuando un cuerpo aparece junto a otro o cuando una figura ocupa un determinado espacio.
Las obras reunidas aquí no representan una ruptura con la pintura anterior de Ángel Sevillano. Son el resultado de un desplazamiento: del bodegón al paisaje, del paisaje al interior, del objeto a la figura y de la figura a las relaciones que se establecen entre ellas.
Run Boy Run habla de ese movimiento. De cambiar de dirección sin abandonar necesariamente el camino recorrido. De buscar una salida y descubrir, en el proceso, que quizá no se trataba de escapar, sino de encontrar otra manera de mirar.
Y seguir.